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Arte y territorio

Haber nacido en esta quemada geología de cenizas, en medio del Atlántico, condiciona a cualquier ser medianamente sensible”, escribió Manrique.

La frase está cargada de lógica y su verdad puede verse en el gesto de cualquier isleño cuando regresa de cualquier territorio interior y se baña de nuevo en estas aguas. Regocijo. Frenesí. ¡Paz!

César jugó durante su vida, enamorado perdidamente de la naturaleza que lo rodeaba. Algas, burgaos, esponjas, burbujas de espuma marina, rocas, callaos, conchas de formas barrocas, volcanes de colores imposibles y formas primitivas…  Su sensibilidad estética le hizo ver más allá.

En la naturaleza lanzaroteña encontró primero ingredientes para sus juegos y luego, respuestas a sus preguntas.

Este escenario de arena, salitre y fuego “ha rodeado mi infancia y se ha manifestado en toda mi plástica, con gran libertad de expresión como la misma y brutal superficie de la isla”.

Si en algún sitio podemos apreciarlo es en la obra pública que construyó junto al equipo de los Centros de Arte, Cultura y Turismo de Lanzarote, donde brilla:

  1. La integración y adaptación al medio (“paisaje y arquitectura pueden ser una sola cosa cuando está adaptada perfectamente a la tierra”, decía).
  2. Las soluciones plásticas y orgánicas que propone para los espacios, inspiradas en la naturaleza y concebidas como obras escultóricas: de los pasamanos a las lámparas, pasando por las puertas de los baños.

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