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Jardín de Cactus. Cerca, muy cerca.

Fue la última gran intervención de César Manrique en Lanzarote.

Los ojos del artista lanzaroteño vieron más allá del espacio degradado que era una antigua rofera, en Lanzarote se llama así a las canteras de las que se extraen áridos, para crear un hogar muy particular para flores cactáceas de todo el planeta.

Rodeado de la mayor plantación de tuneras de la isla dedicada al cultivo de la cochinilla, producto que tuvo una gran relevancia económica en el Lanzarote del siglo XIX, el Jardín de Cactus acoge alrededor de 4.500 ejemplares de 450 especies diferentes agrupados de 13 familias de cactus llegados desde los cinco continentes. El verdor de las plantas contrasta con el azul del cielo y el negro del volcán para crear una explosión armónica de color que impacta en el visitante. El canto de pequeñas aves y el infatigable zumbido de los insectos que disfrutan de su particular oasis son los únicos sonidos que rompen la paz y el silencio que reinan en el lugar.

Altos monolitos de ceniza volcánica, huellas que guardan intacta la memoria de lo que fue el lugar, desafían en tamaño a los grandes ejemplares de plantas procedentes de América, África u Oceanía, mientras arriba, desafiante en lo alto de una pequeña loma, otea el horizonte uno de los últimos molinos de millo que permanece en pie en la isla, donde se molía gofio, que data de comienzos del siglo XIX.

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